jueves, 11 de diciembre de 2008

Un cambio interesante


Caminamos por Santiago día a día. No miramos a nadie, no conversamos con nadie. Lo único que nos importa es llegar a nuestro destino. Parecemos robots programados ansiosos por trabajar. Pero hay un momento en el día, quizás el único en el que nos detenemos. Éste es, cuando paramos en el quiosco que está a la pasada. Nos quedamos mirando los titulares de diarios y revistas, o simplemente porque no aguantamos las ganas de comernos un chocolatito.



Uno de los lugares donde más ocurre esto es en El Golf, dónde todos los oficinistas corren por llegar a tiempo a sus lugares de trabajos y no perder ni un minuto de su codiciada pega.

Aquí está el quiosco de don David Rivera y su señora. Ubicado en Apoquindo con San Crescente Lo tienen hace dos años y medio y para ser sus dueños tuvieron que pasar por un proceso de postulación en la Municipalidad. Él debe medir 1.80 al igual que ella, ambos un tanto rellenitos, la señora más que él, pero con una sonrisa que se les escapa del cuerpo. Felices como pocos.


Ellos, a diferencia de la mayoría de las personas se dedican a observar y esperan a que las personas se les acerquen a conversar para contar su historia.


-¿Tiene chicle?
-Sí, ¿de cuál quiere?
-Bigtime.
-Me queda el celeste no más, todavía no me llegan los otros.
-Ese está bien. ¿Puedo hablar un poco con usted?
-El caballero que está en el banco es el dueño hable con él.


Al empezar a conversar la situación es un poco cortante, le pregunto por el flujo de gente, personajes que están siempre y otras cotineidades, hasta que surge la pregunta clave:


-¿Es católico?
– No, soy mormón.


Don David, en su juventud fue militar, estuvo de servicio antes y durante el Gobierno de Augusto Pinochet, a lo que dice: “Por suerte no maté a nadie”, por mientras mueve la cabeza y sigue hablando.


La religión la encontró un día ordenando su casa. Se había cambiado hace poco y estaba en la bodega cuando encontró un libro completamente empolvado, lo empezó a leer y se dio cuenta que hablaba de los principios mormones. Tiempo después llegó el dueño de la casa y lo vio arriba de una mesa, le preguntó si era miembro y el le dijo que no, pero que lo había encontrado interesante, empezaron a conversar y partió todo.


El día de hoy cuenta con los ojos llenos de lágrimas varios episodios que lo han dejado perplejo y lo han convertido en un mayor creyente día a día.


El primero fue un favor a un amigo que trabaja en el sector, que le pidió por su sobrina, que estaba conectada a un ventilador en estado crítico. David se arrodilló en su negocio a pedir por ella y a los tres días el amigo lo llamó por teléfono y le dijo que la niña estaba sana y salva en su casa. “No lo podía creer, el señor me había escuchado. Me tiene cada día más cerca de él y me ha ido santificando. Gracias a eso pude ayudar”.


El segundo fue un día que iba camino a la casa de sus padres en Puente Alto. “Era como la 1 a.m. iba llegando cuando veo dos tipos corriendo detrás mío. Primero pensé que venían arrancando, pero después me di cuenta que era a mí al que venían persiguiendo. Unas calles más abajo me interceptaron. Me dijeron que empezara a soltar todas las cosas, hasta que se dieron cuenta que tenía libros de la iglesia. Ah, erí canuto preguntaron y yo les contesté que sí y les dije que estaba muy agotado así que me iba a ir a descansar. No supieron como reaccionar, simplemente se quedaron ahí parados, sin hacer nada. Dios me volvió a salvar, si nosotros estamos en cuerpo en la tierra porque tenemos una misión, él sabía que yo no estaba listo para partir”.


Su último relato fue el más emotivo para él porque se trataba de su abuelo. Él había muerto hacía un par de años, cuando un día caminando con su señora lo vio de jardinero en una casa cualquiera. “Enseguida noté el gran parecido que compartía con mi abuelo, de hecho le pregunté a mi señora y ella creyó lo mismo, nos dimos varias vueltas hasta que desapareció. Días después pasé por ahí y había otra persona, le pregunté si lo conocía y me dijo que nadie con esas características trabajaba ahí, que él tenía 28 años y que cuando se enfermaba lo reemplazaba su hijo. Por supuesto no creí y le fui a preguntar al dueño de la casa que me dijo que sólo había un jardinero. Ahí ya me sentí bendecido. Pero fue para mi bautismo que es en unas tinajas grandes, unas especies de piscinas en el templo que lo vi entremedio de todas las personas, traté de acercarme, y se esfumó. Me quedó claro que había sido él. Poco antes de desaparecer me sonrió y supe que había hecho lo correcto con mi conversión”.


Don David es padre de seis hijos, el mayor tiene 30 y la menor 15, ahora vive sólo con ella y su señora. Ya todos han formado sus propias familias. Orgulloso de sus hijos y principios, dona todos los meses el diezmo que es un requisito dentro de la religión, también intenta inculcarle a su hija al igual como lo hizo con todos los otros, ser una persona con ciertos principios: que no tome, ni fume, que viva sin excesos y que conserve su castidad hasta el matrimonio. “Todos los lunes tenemos un día de reunión familiar, ahí compartimos y conversamos como nos sentimos. Nos ayuda a mantener la comunicación”.


Su señora lo llama y yo me despido, él espera que alguien más se detenga por unos segundos a conversar, y yo pienso en mi destino y vuelvo a la realidad, el paréntesis fue interesante, pero todo tiene un final.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Seguridad Amarilla


Si hablamos de seguridad, podremos describir El Golf como uno de los barrios de Santiago que la presenta en mayor medida. Pero esto no se debe a la magnífica labor de nuestros queridos Carabineros, sino al gran trabajo de los Inspectores Municipales.

La mayoría son ex-carabineros que cambiaron su antiguo uniforme verde, por uno mucho más cómodo, amarillo o rojo anaranjado, dependiendo de la actividad que realicen. Parecido a un buzo, con una tela hecha para poder andar en motos sin problemas.

Están preparados para todo: pueden responder donde está la calle que necesites, la tienda más cercana de cualquier compañía, vigilan que las normas de tránsito se respeten para prevenir cualquier accidente, saben de primeros auxilios, pueden asistir robos, en fin. Son los nuevos héroes de la Comuna de Las Condes, y muchas otras de la Capital.

Recorriendo El Golf como cualquier mortal, me detuve un momento ante la imponente obra que están realizando en Apoquindo #3300, el Centro Cívico. Bastó que me quedara ahí unos minutos para llamar su atención, ya que no es muy lógico que una mujer de 19 años se quede mirando a los maestros de la construcción.

Sin inmutarme, luego de hacer las anotaciones correspondientes había que ir a meter conversa y él justo estaba hablando con un maestro, así que me acerqué a ellos.

Después de la presentación correspondiente, y pasar por una serie de trabas y problemas de permisos por la obra, me instalé a conversar con el Inspector, que en vez de producir miedo daba una sensación de seguridad: 38 años, aproximadamente 1.80 de altura, ojos verdes, con la típica pelada atrás y una considerable panza, me hizo entrar en confianza altiro.

Partimos hablando de la obra y porqué no me habían dejado entrar, de manera un poco más formal, pero con el paso de los minutos, que corrían y corrían, empezamos a hablar de su vida y la historia que tenía para contar.

Jorge Lara vive en Lampa, a 45 kilómetros de Santiago tiene 3 hijos, dos mujeres y un hombre. “La mayor se llama Constanza Alejandra y tiene 19 también, igual que tú”, dice después de preguntar y seguir la conversa. “El de 8 es un diablo, pero todavía me respeta, y mi bebé es un angelito caído del cielo”. Su señora es enfermera y trabaja en las Clínicas Indisa y Tabancura. Realiza turnos de día y de noche, “nos ingeniamos siempre en la casa, para poder estar un ratito juntos, y que los niños no estén solos. Tenemos que hacer coincidir nuestros horarios, por eso, si estoy libre, siempre trato de traerla yo. Ahí se demora harto menos.” “Si yo soy el patito feo de la familia”, comenta después de contar que su hija va a entrar el próximo año a kinesiología y por lo trabajólica de la señora.

Al empezar a hablar de su trabajo, le cambió la cara. Se le inflaron los cachetes y subió la cabeza, señal de poder y autoridad. Siempre con las manos atrás. Imponente. “Si igual que muchos otros, de los que trabajamos acá, también fui carabinero, pero después de 9 años de servicio colgué el uniforme, abusaban de nosotros, piensa que hubo un momento que llegué a ganar $33.000. Era demasiado. Ahora estoy feliz y gano harto más que eso.”

El recorrido que hicimos durante toda la conversación estuvo marcado por las calles Reyes Lavalle, el Regidor y Apoquindo. “Hay que marcar presencia. Si yo me paro en la esquina de Apoquindo, no hay problemas”, pero bastó de unos segundos de despiste para que un auto se detuviera con intermitentes dónde no debía. Se empezó a armar el taco. Fuimos rápido hacia el lugar y don Jorge le pidió amablemente que se cambiara de ahí, porque no estaba permitido. “Señor, no puede parar aquí, hay una señal al principio de la calle que lo indica.-Discúlpeme, pero estoy esperando a mi señora que está embarazada, me voy en unos minutos.-Perfecto, esperemos a su señora juntos, le doy 5 minutos.” El problema fue que, cuando la señora llegó, no estaba embarazada, ni mucho menos, parecía su hija. El parte estaba claro. “Esto pasa siempre, por eso no me sorprende, si saco como 25 partes al día y no es porque me guste y la gracia es que estos nadie se los puede sacar. Son ley.”

Seguimos hablando de la vida, hasta que pregunté cuales habían sido las historias más increíbles que le había tocado vivir como Inspector Municipal. “Pucha, he visto hartas cosas, porque no estamos todo el día en un lugar fijo, pero yo creo que las más increíbles, fuera de los robos y llamados de incendio que ya son cosas del día a día, son dos. Una vez me tocó atender un parto, ¡Fue súper fuerte!, muy distinto a ver el de mis hijos. Llegamos al hospital y sólo había que cortar el cordón. Y el otro fue un choque de dos hermanos que andaban en moto, uno salió volando hacia delante y hubo que amputarle la pierna, pero el otro se fue para el otro lado y después lo atropelló un taxi. Se reventó el pobre cabro. Si cuando llegamos, el hermano vivo preguntaba por el otro y no podíamos saber de quién estaba hablando porque no quedaba nada de él. Fue como ver morir a uno de mis hijos. Ver a los papás sufriendo. Fue terrible.”

Al terminar la historia, estábamos llegando a su moto. Se había acabado el turno de El Golf. Se puso su casco, nos despedimos y partió a toda velocidad.

Iluminando Las Condes


“Así progresa Las Condes”, es el lema que muestran los carteles con la imagen del proyecto terminado. Centro Cívico, Teatro Municipal, 3 juzgados de Policía local. Muestran la renovación de Las Condes, y la importancia que tiene El Golf en la comuna.

Si alguna vez escucharon o vieron la Casa de Vidrio, manifestación de arte que hizo una alumna de teatro de la Universidad de Chile, podrán darse cuenta lo que significa vivir en un lugar transparente, dónde la luz se cuela por todas partes y no deja nada escondido.

Lo mismo sucede con este proyecto, que está en plena construcción. Empezó hace aproximadamente un año y debía entregarse el próximo noviembre. Usa la fachada que perteneció a la Municipalidad de Las Condes desde 1942, en Apoquindo #3300, y que hace un par de años se trasladó unos metros más arriba en un moderno edificio de acorde al barrio.

Edificio distinto a la mayoría del lugar. En vez de ser tan alto, se propuso marcar la diferencia, al ser ancho, y tener solo tres pisos sobre la superficie del suelo. Los cinco restantes, son hacia abajo, de los cuales tres son de estacionamientos y va a alcanzar una excavación de casi 18 metros. Cubierto de ventanas por todos lados, dejarán que la luz entre por ellas iluminando este lugar tan importante para la comuna, que aparte de traer un gran aporte cultural, con el teatro, donde se podrán realizar obras de todo tipo, según contó Jorge Lara, Inspector Municipal. Habrá cafeterías, restoranes, librerías, biblioteca, salas de exposiciones y videoconferencias y un boulevard cultural, entre otras cosas.

El terreno está rodeado por las calles Reyes, Lavalle, El Regidor y La Pastora, que se va a transformar en la más importante de todas, porque va a unir las calles Isidora Goyenechea y Apoquindo mediante un paseo peatonal. Éste va a atravesar el edificio, prolongando la calle por el hall central, al corazón del Centro Cívico. Las personas podrán circular por aquí libremente, ya que no van a haber puertas que impidan el paso y por los extremos se va a poder llegar a los pisos superiores.

En cuanto al teatro, es toda una innovación. Se va a ubicar en el subterráneo y va a tener un gran salón de espectáculos, de alta tecnología, con capacidad para 800 personas, mucho más grande que el Teatro Municipal. Tendrá dos plataformas móviles, una en la platea, dónde se encontrará la orquesta. El escenario estará sobre pilares hidráulicos.

Al analizar todo este proyecto, que tiene una gran importancia tanto a nivel urbano como arquitectónico que costará aproximadamente $20 millones de dólares, promete. Un Centro Cívico impecable y un Teatro que será el mejor de Chile y Sudamérica, le van a otorgar todavía más distinción a Las Condes y sobretodo a El Golf.



Ficha Técnica

Mandante: Municipalidad de Las Condes
Arquitectos: San Martín y Pascal
Arquitecto Teatro Municipal: Ramón López
Superficie a Construir: 22.804 metros cuadrados
Superficie Oficinas: 2.517 metros cuadrados
Superficie Teatro: 5.508 metros cuadrados
Superficie Estacionamientos:14.778 metros cuadrados
Fecha construcción: Segundo Semestre 2007-Segundo Semestre 2009.

martes, 14 de octubre de 2008

Descubriendo las raíces


El barrio el Golf se caracteriza, por ser un barrio tradicional, familiar, tranquilo y agradable para vivir; una especie de imitación de la ciudad Jardín que todos conocemos. Grandes árboles adornando las calles, se mueven con el viento de un lado a otro. Extraño en nuestra ciudad. Parece el lugar ideal para vivir ya que, a parte de todo, cuenta con una de las ubicaciones privilegiadas de Santiago.

Edificios cada vez más grandes, imponentes con ventanas “espejo”, hacen que Apoquindo se vea eterno. Profesionales desfilando con ternos en tonos negros y grises en su defecto. Mujeres un poco más casuales varían en la tonalidad mostrando un poco más de color. Pero este barrio, no ha sido siempre así. Retrocedamos un poco el tiempo.

Al hablar de la historia de este lugar tan especial de Santiago, tengo que nombrar a dos mujeres vitales para su formación. Ellas son: Loreto Cousiño, señora de Ricardo Lyon y Elena Errázuriz, que estaba casada con Renato Sánchez.

Ambas a principio de los 40, tomaron la decisión de parcelar sus fundos heredados: San Luis y San Pascual, respectivamente. Comienza la urbanización.

Con el paso de los años empezó el traslado en masas de la clase alta santiaguina, que incluía sólo a la elite. Hoy vemos sus nombres en las calles de este lugar.

Tomás Reyes Vicuña, fue el arquitecto encargado de la urbanización del barrio. Le ayudó Pedro Mira, autor del antiguo edificio de la Municipalidad de Las Condes, donde se está construyendo el próximo Centro Cívico y Teatro Las Condes y el cine El Golf, que ahora se transformó en el Hotel Ritz Carlton Santiago.

Un lugar alejado del centro, dónde la vida de campo, deportes y aire puro eran su lema. Predominaban las costumbres francesas e Inglesas formando un nuevo tipo de vida.